Créeme que las liebres en invierno y en medio de nuestras montañas se vuelven blancas; y esto porque no beben ni comen sino sola nieve. Y a fuerza de adorar y comer la hermosura, la bondad y la pureza misma en este divino Sacramento, tú también te volverás perfectamente hermosa, perfectamente buena y perfectamente pura.

-SAN FRANCISCO DE SALES Introducción a la vida devota